sábado, 19 de septiembre de 2020

Nota. 19.09.20 Lupe

- Lupe! ¿Cómo estas Lupe? 

- bien

- Ya te venimos a molestar, perdón por estas altas horas de la noche

- No te preocupes, pásale pues. ¿A que debo su visita?  Que ya casi naide me viene a ver. 

Aquel hombre con aspecto miserable yacía sentado en un sillón color rojo de terciopelo, desgastado por el uso, todo descolorido, con manchas de mugre por todos lados, cuando vino venir los visitantes, se levantó y se ergio lo más que pudo, encorvado, tomó una muleta con la mano y luego la otra, las coloco bajó sus hombros y se irguió en ellas. 

- Pero no te pares Lupe, siéntate. se escuchó decir en tono de súplica. 

Pero no entendió, quería levantarse, estar de pie, se le veía insistente, aún con el esfuerzo que se le veía hacer, a pesar de la enfermedad, parecía querer demostrar que él era aún el quien estaba al frente de la humilde casa.

La enfermedad lo hacía ver encorvado, con unos ojos y mirada que casi nunca se separaban del suelo, más aún, su facha, era más marcada con la chamarra de mezclilla con forro en el interior de lana de borrego, que parecía ya no quedarle, por las múltiples tallas pérdidas, el pantalón color caqui que vestía se sostenía a su delgada cintura con un cinturón de piel, color negro al cual ya le habían agujereado más hoyos de los que poseía en un principio, eran más hoyos que cinturón. 

Su aspecto miserable te causaba un nudo en la garganta. Pero a pesar de todo, se quedó así toda la plática, de pie, su dignidad era lo único que le quedaba y quería seguir conservándola.

Nota. 12.09.20 Mis dos Marias

Desde que nació cargo con la muerte acuestas, lo notaba, siempre pálida, ojerosa, se me enfermaba muncho, le puse María, como su abuela, a ella le hubiera gustado, pienso yo, aunque ninguna se conoció, mi a má se fue antes, junto con una muina porque me había metido con uno de los peones que andaban en la pica de sácate, allá, atrasito de la loma.


- Eres una tonta, porque lo hiciste? Ese Tiburcio no te va responder, ¡hora! ¿Quién te va querer así? Preñada, naide quiere una mujer con un chamaco.

Eres una tonta, ese Tiburcio solo es un borracho, un mujeriego y muerto de hambre pa' acabar.


Y pues sí, pä que decir que no, sí, sí. Cuando se enteró de que estaba esperando un hijo, jamás se volvió a divisar por estos lares.


Solo me endulzo el oído.

Pero ya ni modo, así es la vida.


UN DÍA CERRÓ LOS OJOS PARA NO ABRIRLOS JAMÁS, eran antes de las 6 de la mañana, me acuerdo porque aún no cantaba el gallo, cuando cantó, ya no me digo nada, antes me decía, a má, ya amaneció, pareseste, y me paraba, entonces barría mi fogón y prendía una mi lumbre, ella ya sabía su quehacer, sacaba el nixtamal y se iba a molerlo, por allá con la Refujia, todavía recuerdo las piedras rodando entres sus pies descalzos, recorriendo las veredas junto a las molenderas.


Pero ni modos, así es la vida.


Siempre cargo con la muerte acuestas, y yo siempre lo supe, un día se me enfermo y ya no quiso, no se me compuso, ya no despertó, recuerdo ese día, llore muncho, tanto que pensé que mis ojos se habían quedado sin lágrimas, ahí la tuve, dos, tres días, pensando que se levantaría, pensando que era un mal sueño y que despertaría para verla echándome una mi ancha en el fogón, pero no, ya no despertó.


Algo en mí me gritaba que no era un sueño, pero no quería aceptarlo, solamente me paraba para caminar por la nopalera, cundo el sol le pegaba en su cara toda pálida, sin vida, sin alma, entonces me echaba jicarazos de agua fría en la cara, me revolcaba en los charcos con lodo, quería despertar de este mal sueño, pero no, no podía, mis lágrimas se mezclaban con el agua sucia.


Una y otra vez me arrastraba hasta mi jacal, no quería verla así, tan quitan, tan silenciosa, ya no quería vivir así. Pa' que?


Al ver que se me empezaba poner verde, con un olor feo de animal muerto que no me dejaba respirar dentro de mi jacal, con todas esas moscas en la boca, junte mis pocas fuerzas, seque mis ojos y me di valor, agarre uno mi petate que tenía en una esquina, aquel que estaba menos roído por el ratón, la en volví y la amarre con uno mi mecate y la jale hasta junto de la pata de la vieja Palma, ahí, había visto un hoyo grande que habían hecho unas libres, ya no me costaría tanto, al llegar, empecé a escarbar con mis manos como desesperada, parecía un tsaty'o.


Mis manos sangraba, pero no me importaba. Ya no.

La eché ahí, ahí la dejé.


Cuando me fui de ese lugar, sentía algo como que se había quebrado por dentro, sentía como algo desgarrado en mi pecho, luego el padre de la iglesia me dejó que era mi alma, ese día mi María me arrancó todo, hasta el corazón para llevárselo juntito a ella. Se quedó ahí enterrado.


- De la muerte de mi María naide se enteró, y es que aquí así era, uno sé moria y naide se daba cuenta, aquí uno nacía y pues uno crecía como los jumentos, sin saber nada, solo uno se levantaba pa vivir el día, o en mi caso, aprender a sobrevivir con la soledad de uno, hoy estamos aquí y nos levantamos por la gracia, pa'l otro año a ver qué dios dice, a ver si comemos tunas o tierra...

martes, 8 de septiembre de 2020

Macario Colombo






Actualmente se está trabajando en esta obra.
  Es posible que a causa de ello, haya lagunas de contenido o deficiencias de formato del artículo.



MUCHAS VECES LOS HOMBRES traen al mundo hijos sin saber cuál será su destino.

 

¾     Tu papá, tu papá.

Son las 11:00 pm, me ha sorprendido la noche, caminando solo, escuchando los grillos del monte mientras unos débiles resplandores de luz de luna me hacen apreciar débilmente un paisaje oscuro, opaco y desolado, esto, cada que las nubes despejan el cielo dejando ver la luz de luna.

Los grillos se escuchan en todo el valle estando parado aquí en medio de la milpa de temporal, donde este año se había sembrado un poco de maíz entreverado con frijol y que por la falta de lluvia no se ha dado nada, nada se había dado. Era lo mismo que otros años. Aquí parado, miro y escucho esos ecos, voces y susurros de mis muertos. Al acercarme más a la orilla de la milpa una parvada de palomas sale del mezquital, asustadas por mi presencia.

<<En ese mezquital me recuerdo junto con mis hermanos columpiarme de pequeño, me cuenta mi madre que es en uno de esos mezquites en el que ella de pequeña fue arrullada en una cuna improvisada de ayate tejido de ixtle, fue aquí en este lugar agreste donde mis abuelos eligieron vivir, no por decisión propia, si por la necesidad obligada de encontrar un lugar nuevo al cual pertenecer, pues salieron huyendo de su pueblo natal, por mi abuelo, quien había golpeado hasta dejar moribundo al hombre que entre la valentía adquirida por el pulque quiso ofender el honor de mi abuela, años más tarde se enterarían que don Nocio, aquel  hombre que había golpeado mi abuelo, había muerto por la golpiza, la gente decía que había perdido los dientes en el acto y murió al no poder comer nada.>>

 

CUANDO NOS FUIMOS DEL PUEBLO, era un primero mayo, ya oscurecía, me preocupe por lo que había hecho mi viejo, esa mañana me había dicho, vámonos, vámonos porque si no va venir el gendarme y me va llevar pa' fusilarme, y es que así era antes, él ya se había escapado de una, una vez cuando su mamá lo había acusado con el señor juez que la había golpeado, cual, si un día antes se había caído de borracha, y es que le requeté encantaba el pulque, esa ves lo llevaron y lo encerraron por las mentiras de mi suegra, cuando se llevaban a su hijo ella unas risas, solo se reía, era mala.

¡Hay dios! Como uno va querer que le maten a su hijo, no, no, uno cuida de los hijos, pero ella quería que fusilaran al suyo.

Al otro día me fui rete temprano con el juez, ya tenían a mi Nabor con un pañuelo en los ojos, parado en la pared, mientras el gendarme le apuntaba con un fusil.

 

¾     No señor juez, no me lo mate, él no ha hecho nada, mi suegra miente, ella se cayó de borracha, él no ha hecho nada, es bien mentirosa esa señora.

 

Le decía llorando, tirada a los pies del señor juez, si, y es que yo soy bien chillona, hay sí, yo lloro por todo.

 

¾     Levántate mujer, levántate.

¾     No quiero, me lo va matar mi Nabor, él no ha hecho nada malo.

¾     Que te levantes te digo.

¾     No, no, no quiero.

¾     Mujer necia, no hagas drama, mira que si no viene la que lo acusa lo dejo libre, hora que si llega mi deber es hacer justicia.

¾     Hay seño juez, no me diga eso, mi viejo no ha hecho nada.

 

Pero esa vez no llego mi suegra se había quedado a emborracharse con pulque, por eso no fue, y también porque sabía que eran puras mentiras lo que decía, así soltaron a mi Nabor aquella vez.

Pero hoy era distinto, esto era diferente, mi viejo había cometido un delito, aunque solo me defendía a mí, ese Nocio quería sobrepasarse conmigo.

 

Cuando vi que esa tarde no llegaba, me cayó de extraño, entonces, salí a buscarlo, yo ya estaba bien preocupada, me acuerdo que alrededor de la casa había munchas milpas, habían plantado trigo, entonces cuando iba por el camino, para la iglesia, escuché que me chiflaban dentro del trigal, me hacer que y era mi viejo.

 

¾     Que estás haciendo ahí tirado?

¾     Es que el señor juez con el gendarme me andan buscando, quieren agarrarme pa' fusilarme.

No han ido a la casa?

¾     No, no se han parado hora hay

¾     Vámonos, vámonos de aquí Teófila, si me agarran me fusilan, ve por la niña y traite algunas cosas, yo voy estar aquí, te bienes para acá, si se presentan por allá, dile al señor juez y el gendarme que desde ayer no me miras.

¾     ¿Pero a donde quieres que vayamos?  ¿Onde nos iremos? más en que ya es de noche.

¾     Pero si no nos vamos me fusilan.

 

Nos fuimos así de nuestro pueblo, él me decía que en Gonzales, Gonzales tenía una casa, por eso jalamos pa' este rumbo, pero cual! cuando llegamos no había nada, puro mezquital, nos quedamos bajo el viejo mezquite, ya después construyo el cuartito de adobe.

 

¾    Ra Xuua! Mö'kjä

     ¾  Buenas noches Pablo

¾     Tári shudi

¾     Tári shudi Pablo

 

Las palomas entonces surcaron el nublado cielo alejándose del lugar, entre un ruido estrepitoso de aleteos y sonidos gorjeos, atrás de ellas las nubes se abrieron dejando ver la luna y un cielo estrellado.

Miraba entonces con nostalgia esa luna que muchas veces había mirado y que hoy parecía más cerca de esta tierra agreste, mire con encanto insólito como se habían iluminado esas siluetas del valle, siluetas que antes no tenían forma alguna para mí; el nopal, el mezquite, la biznaga del valle adquirieron un brillo mostrando una belleza fugas, hasta que de nuevo las nubes cubrieron la luz de luna.

El frío del lugar es insoportable, el viento arrecia moviendo de un lado a otro el maíz marchito y los mezquites del campo, yo solo me cubro el cuello con el suéter gris agujereado que traigo puesto, veo el cigarro de mi mano, miro quela braza se aproximaba a la colilla, le doy el último jalón y lo tiro pisándolo con la punta del zapato hasta que este se incrusta en la tierra suelta, formando un pequeño cráter que se traga la punta del zapato. La tranquilidad del lugar es perfecta, a pesar del frío que penetra mis ropas, mi carne, a pesar de ello parezco estar solo con mis pensamientos, en este instante no parece importarme otra cosa, a pesar del temblor involuntario de mi cuerpo.

Exhalo el humo del tabaco que antes estaba en mis pulmones, el vapor de mi aliento caliente se mezcla con el aire frío, entonces no parece distinguirse mi aliento entre el humo del tabaco y el aire frio del campo.

Solo recuerdo. Recuerdo cosas, cosas como la vez que mi madre me control por vez primera con un cigarrillo en la mano.

 

¾     Hijo ¿qué haces?

¾     ¡Nada madre! Nada.

¾     ¡Cómo no!  ¿Que traes en la mano? Le escuché decir con un tono de enojo

¾     nada, nada má. Conteste de manera tenue, con tono de fingida culpa.

Tire el cigarro y pedí a ese algo que no sabía que, pa' que mi madre no se diera cuenta, me sacudí rápidamente la ropa y trague tragos de saliva, pero fue en vano, el olor del lugar y de mis ropas impregnadas por el humo me delataban.

 

¾     Te he dicho que los vicios hacen mal ¿estás viendo y no ves? ves cómo está tu padre por el vicio, y ahí vas tú también, ustedes no entienden ¿qué burros?

No sé qué traen ustedes en la cabeza que son muy tontos.

No fumes, cuantas veces se los he dicho, los vicios son malos, los vicios matan y nada mas no me haces caso.

Pero síguele, eso te va hacer daño, ese vicio te va matar, ese maldito cigarro te va matar.

 

Entonces yo solo me encogí de hombros tratando de aceptar el regaño, después de un refunfuñar de dientes mi madre se alejó, dándome la espalda, levantando la mano izquierda, agitándola en el aire, haciendo ademanes de desaprobación.

 

SU RESPIRACIÓN AGITADA se escuchó toda la mañana de ese sábado, el médico del pueblo ya nos había dicho que no se podía hacer nada, solo esperar, el alcohol que quiso terminarse en su juventud le había pasado factura, sus riñones e ahijado ya no le funcionaban como antes.

Y entonces le encontré ahí, a mi madre, aún lado de la cama, rezando una plegaria con un rosario en las manos, con la cabeza a un lado del oído de aquel hombre, le susurraba cosas, esa mujer demacrada parecía ausente, aun cuando se podía ver ponerse de rodillas, levantarse, entrar y salir de la recámara, una y otra y otra vez.

 

¾     Pero entonces la veía, y de tantas veces que la vi ahí, dormida a un lado de mi padre, de todas esas veces, munchas veces me paso por la cabeza pensar que mi madre dormía con un cadáver, si, a falta de otra cama.

 

¡Si!  Porque a pesar que respiraba, aquel hombre ya no se valía por sí mismo, defecaba en la cama y se orina en ella, estaba más allá que acá entre nosotros los vivos. Eso lo veía.

Y la recámara entonces se llenaba de olores nauseabundos, se podía oler la mierda y los orines, y lo peor de todo, se podía saborear en la boca todo eso, eso lo sentía, entonces habría una ventana pa' ventilar el lugar, pero ni así, el olor no se desaparecía.

 

<<Todas las noches que habríamos pasado mi má y yo, ahí, oyendo los quejidos de mi padre porque le dolía todo, me hace estremecer y no querer pensar más.>>

 

Tenía todo el cuerpo todo moreteado, por las inyecciones o porque uno lo movía pa' cambiarlo y limpiarlo, recuerdo que su piel era muy frágil, tantito uno lo agarraba y se le ponía morado. Y por estar todo el tiempo en cama entonces en la espalda le empezaron a salirle yagas e incluso pústulas que se le reventaban y de la cual le salía pus y algo como excremento liquido de color café o a veces hasta de color negro, y cuando el olor de eso se esparcía por el cuarto uno solo querías gamitar, salir de ahí. Olía como algo echado a perder. Entonces veía a mi padre y todo eso que era, el miedo que en algún momento infundio, todo lo que era ya no estaba. Su cuerpo ya no parecía de un ser humano, era un bulto de cuero pegada al hueso, si, solo era un cumulo de huesos, inerte, solo un cuerpo del cual se desprendía olores repugnantes y su vida misma.

 

“Ojos opacos y sin brillo,

 

Detonando la huida de la vida.” 

 

¾     Yo por eso ya no me da miedo nada, no me da miedo encontrarme con el demonio en la mala hora, o encontrarme con alguna anima, ya no me da miedo nada, ver las cosas que he mirado o escuchado ¡ummmta! Todo le queda chico. Ya lo he visto todo.

 

Me decía mi madre con lágrimas en los ojos.

Quizás ya se resignaba, tal vez ya estaba preparada, no lo sé, solo divago.

 

Me acuerdo esa ves cuando lo lleve con el brujo, por allá, cerca del panteón viejo del pueblo, fuimos porque el insistía que lo habían embrujado y quería que lo llevara, el pensaba que le habían hecho mal, y por eso fuimos. Al llegar al lugar nos espantamos, era un lugar oscuro, lleno de veladoras y ceras derretidas, había munchas imágenes de santos, cuerpos de animales muertos, y munchas flores, entonces lo limpiaron con unas piedras y unas yerbas del monte que nos habían dicho llevar.

Si, lo limpiaron al lado de un fogón que estaba en medio de aquel lugar oscuro. Sí, me acuerdo de eso. Sí, eso lo recuerdo, él pensaba que eso lo curaría, por eso fuimos. Entonces aquel anciano barbón del cual munchos nos habían dicho que era bueno pa' retirar los males, empezó a tomar tragos de aguardiente de una botella, de las cientas que tenía en el piso, empezó a retorcerse, poniendo los ojos en blanco, parecían sus ojos como claras de huevos hervidas, blancos, blancos. Recuerdo que repetía palabras de manera incoherente, no se entendía nada de lo que hablaba, pero, en fin, al parecer solo se entendían las maldiciones que decía y que repetía una y otra vez, también empezó a eructar como aquel que acaba de comer o aquel que esta empachado. Escupía a la cara de nosotros todo aquel aguardiente que no tragaba. yo no sabía cuándo terminaría todo eso, pero paro por un momento, se quedó quieto, sin hablar ni nada, entonces reacciono, y empezó a hablar de manera normal, dijo  que mi viejo traía algo muy malo en sus entrañas, que disque una persona de por la casa había tirado un trabajito y que a él le había tocado y que eso que cargaba era muy malo, según el brujo no le tocaba a él, pero le toco, él nos decía que según con la limpia lo había sacado el mal, entonces echo las cosas de la limpia al fogón, y de las piedras de la limpia aparecieron culebras que salían de las cenizas, retorciéndose debajo de nuestros pies, dejando al descubierto unas brazas al rojo vivo dentro del fogón, si eso lo miramos.

Y entonces salimos echo carrera, espantados sin voltear pa' atrás, rumbo al viejo cementerio, corriendo por encima de las tumbas, en esa noche, que particularmente era negra, obscura como ninguna que habíamos visto hasta ahora, pero ¡ha! jo la madre, a pesar que no sabíamos dónde encontrar camino, a pesar que no se miraba nada en la oscuridad nuestros pies y ojos se adaptaron, quizás fue por el miedo que nos hizo andar sin tropezarnos en donde había cardones.

Pues sí, eso paso, pero no, cuando regresamos a la casa, con el paso de los días seguía el con sus males, con sus dolores.

Sabíamos entonces que no lo habían curado aquel brujo, y se puso más mal por eso, se le veía triste, mas decaído y dándole más al pulque.

El espanto de esas ves nos quedó toda una semana.

Y ya no volvimos.

¡Qué mal que le había hecho!  Nada de brujería, estaba enfermo por todo el pulque que a diaria se tomaba.

 

¾     Tu papá, tu papá.

 

Se escuchaba decir de aquel hombre de compleción casi esquelética que yacía en aquella cama que parecía tragarlo con aquellas cobijas tan grandes que se arrastraban al piso.

 

¾     Tu papá, tu papá. - Solo mencionaba con una vos entorpecida, casi moribunda.

 

No sabía que pensar, era una escena que dolía o quizás no, el rencor por la vida miserable y de maltrato que nos había dado me hacían querer ignorarle. Entonces solo sentía que ya nos estorbaba. Solo el dolor en el rostro de mi madre me hacía recapacitar, quería sentir lo mismo que ella, pero no podía.

 

¾     ¿Qué hacemos, que hacemos?

¿Lo llevamos al doctor?

 

Me preguntaba mi madre.

Entonces no sabía que responderle, lo miraba casi moribundo y los doctores que habíamos visitado nos decían que ya no se podía hacer nada, solo un milagro lo podía ayudar, además no teníamos dinero ¿cómo le haríamos?

 

¾     ¿Un milagro?  Va!

 

Pero si toda la vida blasfemo y maldijo a dios y a los santos que tal vez pienso, por eso lo habían abandonado, si, tal vez lo estaban castigando, mira cuál sería su insolencia hacia dios que hasta llego limpiarse el culo con una biblia.

Pero cuando caía en cama, ahí si lo escuchaba pedirle a dios que lo ayudara, que lo curara, que le quitarla enfermedad, se encomendaba a los santos que colgaban de su cuello. Tenía tantas enfermedades en el cuerpo que el mismo medicamento ya no le ayudaba, le era perjudicial porque su mismo organismo ya no desechaba lo que no requería el cuerpo.

Miraba a mi madre tan afligida que quería sentir lo mismo que ella, pero no podía, quería sentirle lastima a mi padre por lo menos en esos momentos, pero ni eso sentía, no podía, entonces había ideas en mi cabeza que me decían que yo era malo.

Pero no.

 

¾     Tal vez ya – y un suspiro muy grande.

 

Yo no era malo, no lo soy, solo que los rencores son los que quieren sentir y hablar por el momento.

Y es que, los recuerdos, los rencores eran grandes. recuerdo muchas veces mirar llegar a mi padre cayéndose de borracho, que literalmente eran todos los días, esas noches eraran eternas, puras mentadas de madre, y bajezas a mi madre, recuerdo alzar la voz para pedirle que se detuviera, pero no, eso parecía encenderlo más.

 

Jodiéndome el puñal,

¡Mirando!

Contare en instantes insistentes

Gotas de sal

Derramando de la cuenca cristalina.

¡Oh!

Blancura

Pintada de rojizo.

RECUERDO DE NIÑO ODIAR LA NAVIDAD, el día de reyes y mi cumpleaños no sabía porque en esos momentos, pero ya de grande te das cuenta de munchas cosas, en ese momento no sabía nada, solo me preguntaba porque nunca tuve un obsequio bajo mi árbol de navidad o peor aún, porque nunca hubo árbol alguno en mi casa.

Odiaba la navidad y el día de reyes porque no tenía respuesta la carta que escribía con inocencia y con anhelo, muchas veces incitado por mis primos a escribirla, recuerdo ver como los demás niños jugaban con sus juguetes al día siguiente de navidad o de reyes, y yo, sólo trataba de demostrar que no me importaba, aunque en el interior hubiera deseado ser yo el de los juguetes, muchos de ellos eran pobres como yo, pero ¿Por qué a ellos si les había visitado Santa Claus y los reyes? ¿Acaso yo me había portado mal?  Ahora entiendo que no, solo que yo y mis hermanos teníamos un padre que en vez de comprarles un obsequio a sus hijos prefería gastarlo en sus garrafas de pulque.

 

“Entonces, metía mis pies en el agua de la regadera, pa' olvidarme de todo.”

 

Pero aun cuando odiaba navidad y el día de reyes, estos días también eran momentos un poco gratos para mis hermanos y para mi ¡gracias a mi madre! porque gracias a que le conocía mucha gente, no faltaba alguien quien nos obsequiase algún juguete usado, roto muchas veces, pero eso no importaba de niño.

La navidad entonces nos devolvía algo, nos agradaba ver esas luces de colores en las casas del arrabal, muchas de esas casas con paredes pintadas de cal, pa' hacerlas menos feas, y resaltaban por estar al lado de las calles de color café, de pura tierra, en donde las escarchas de colores resaltaban en esas paredes blanqueadas de cal, esas luces de los fuegos pirotécnicos, de las cebollitas, de las chispitas, de las velitas derritiéndose en nuestras manos, ver el arrullo de los niñitos dios, los pozoles, el ponche. Me gustaba el 24 de diciembre porque si bien algunos disfrutaban en sus casas, mi madre y mis hermanos asistíamos a la posada de la señora Teodora, donde era seguro obtener más de 20 a 30 bolsas de aguinaldos, ¡Claro!  si es que uno se ponía aguzado, y entonces de regreso nos veíamos caminando en medio de la oscuridad, cada uno con su gran bolsa llena de dulces, galletas, buñuelos, con un gran plato de pozoles y un vaso de ponche.

Esas noches nunca nos acompañó nuestro padre porque de seguro se había quedado para embriagarse en la casa.

 

CUANDO VES LAS COSAS con unos tragos encima son distintas, sientes las miradas, el prejuicio de la gente.

¡Gente hipócrita! al final ahí dentro de ellas tienen lo malo, pero solo cuando creen que uno esta inconsciente, que uno no se da cuenta de las cosas, sacan lo peor, son como buitres.

 

¡Obra de aves!

Nido de aves rapases,

De aves carroñeras

¿Y la gente? cumulo de labia, injuriando.

 

Pero no, el alcohol no te hace malo, o al menos eso es lo que yo creo, eso ya es de uno, uno trae la maldad por dentro, y mi padre parecía sacar todo lo malo cuando tragaba mierda, como muchas veces le escuche decir a mi madre, parecía solo tomar y sacar todo el veneno con nosotros.

Uno toma pa' desahogar las penas, según me dicen los amigos, pero no, si algo he aprendido es que las penas se hacen más grandes con el alcohol, con el alcohol todo es distinto eso sí, pero aun así el alcohol no te hace malo eso ya depende de uno mismo.

Entonces creía ser fuerte y quería sacar lo malo de mí, quería ser lo más malo del mundo, pero no, esos rencores que le tenía a mi padre, al verlo en la cama, en un rato todo se desplomaban. No soy malo.

 

Me decía

 

¾     Tu papá, tu papá.

 

Refiriéndose a mi abuelo, tal vez lo recordaba en esos momentos.

Su rostro demacrado por la enfermedad, sus ojos borrosos, como de aquel que se le va la vida, una vista perdida, me llegaba en lo más profundo de mí ser.

 

¾     Tu papá, tu papá, pace -  y un suspiro muy largo después de eso.

 

Se le escucha decir.

 

¾     Haga. Y un suspiro de nuevo

 

ERA ALGO RARO, miraba la misma escena de la muerte de mi abuela con la situación en la que estaba hoy mi padre quien ocupaba esa misma cama en esos momentos.

El alcohol del pulque que había ingerido horas antes me hacía ser perceptivo en todo lo que se suscitaba en el cuarto, suspiraba, realmente no sabía porque, me daba tristeza, pero el sentimiento se iba enseguida, era un subibaja de emociones ¿lastima, quizás? no lo sé, realmente no sé qué es eso, o al menos no podría definirlo. El pulque me hacía ver las cosas realmente como eran, quizás estoy tan ebrio que mis sentidos y cabeza no saben de la realidad.

7:57 p. m, Estaba entonces ahí, rayando con los pulgares el tubo cromado del pie de la cama donde estaba mi padre, en mi cabeza se gestaban preguntas del ¿por qué? ¿Porque la misma cama? ¿Porque el mismo cuarto? ¿Por qué la misma enfermedad? hace 16 años ahí precisamente en ese cuarto y en esa misma cama estaba una señora de avanzada edad, agarrándole el brazo a mi madre, pidiéndole que la sostuviera porque sentía que caía en un abismo.

 

¾     Agárrame, agárrame, me caigo.

 

Le decía mi abuela a mí, madre.

Todavía lo recuerdo.

Mi abuela en ese entonces estaba agonizando, todo por el mismo vicio que hoy tenia a mi padre en las mismas condiciones.

Sí, me acuerdo de eso, me acuerdo de ese entonces, mi padre postrado al pie de la cama, con lágrimas en los ojos pidiéndole le dijera en donde tenía sus centavos para su litro de pulque.

 

¾     Má!  No se vaya, ¿quién me va dar pa' mi pulquito?

Deme unos pesos pa' mi pulque.

¾     Por allá, en mi cajonera, en mi delantal tengo unos centavos.

 

Decía, aquella vieja moribunda señalando a una cajonera de carrizo toda rota y remendada con pedazos de hule, esa vieja terca, nunca entendió.  Vieja, vieja terca, mi viejita.

La recuerdo con mucho afecto, recuerdo que ahí en la casa éramos más de 10 chamacos, todos mocosos y esa vieja nos llevaba para todos lados, recuerdo cuando íbamos a la tienda de don Chofo, la tienda más grande del pueblo, al meternos a la tienda el señor sonreía, y de inmediato sabía que haría su acción de caridad del día, pues si, como le negaría la alegría a tantos escuincles liderado por una vieja chula como la Refugia, llegaba a la caja registradora y le decía don Chofo;

 

¾     ¡Y ahora! ¿Qué va a comprar doña Refugia?

 

Mi abuela dirigía la mirada hacia abajo en donde por el cansancio yacíamos sentados

 

¾     ¿qué quieren niños?

 

Dulces, galletas (Se escuchaba por doquier)

Pues deme un peso de dulces y un peso de galletas

 

<<Don Chofo solo sonreía>>

 

¾     ¿Y ahora si trae para pagar doña Refugia?

¾     ¡Si!  Traigo unos centavos

 

Entonces se veía una sutil sonrisa, de parte del viejo Tendero.

 

¾     Está bien, ¡hey!  Tú,

Tú, Arturo, ben.

 

 El viejo tendero levantaba el brazo señalando uno de sus empleados

 

¾     Dígame

¾     Dale lo que pida a la señora

 

El joven que como siempre ya sabía la dinámica, nos llenaba una bolsa de galletas de animalitos de aproximadamente unos 5 kilos y una bolsa de 1 kilo de caramelos, mi abuela cargaba con todo, y en la ahora de pasar a la caja, sacaba unos pesos, que a decir verdad creo la acompañaron toda la vida.

 

¾     Tenga señor

¾     ¿Que?

¾     Lo de los dulces y las galletas

¾     ¿Acaso te estoy cobrando?  Anda. ¡Ya!  Váyase, váyase.

¾     ¡Gracias don Chofo!

Váyanse que me espanta la clientela.

 

Niños, denle las gracias a don Chofo

 

¾     Gracias señor! - Se escuchaba de todos los chamacos en son de coro

¾     Si, ya váyanse que me espantan los clientes, (repetía con una sonrisa en el rostro el dueño de la tienda).

 

De regreso al pasar enfrente de la presidencia como era de costumbre siempre escuchábamos decir de un madero “¡hay jole su madre! A esa señito sí que le trageron muchos peloncitos”

 

¾     Má! Deme pa' mi pulque

 

<<ese maldito pulque el cual la tenía en agonía en ese instante, ese maldito pulque que le tiene en agonía en este momento, ese maldito pulque que me tiene embriagado en este momento>>

 

Mi abuela nunca entendió, si y es que la vieja era terca, después de haber caído varias decenas de veces en el hospital, ya le habían advertido que, si seguía tomando se la iba cargar la chingada, el doctor era duro, de carácter recio y así se lo había manifestado, ya le había diagnosticado cirrosis en el hígado, hidropesía y se le había reventado la ulcera varias veces.

Recuerdo esa escena como las más aterradoras de mi vida, la vieja vomitando cuajarones de sangre, en todo el piso.

El piso se cubría de rojo, un piso de color amarillo ocre y rojo, lo rojo del piso no se distinguía, solo se distinguía las partes de amarillo acre manchadas de sangre, cuajarones de sangre de sangre por doquier.

Déjenme decirles que no era nada agradable ver eso, no para un niño de entre 6 o 7 años.

 

Muerte en el aire, rojo y amarillo, y más rojo en el frio del concreto.

Vida arrancada en el último suspiro.

 

Pero aun así mi abuela nunca entendió.

 

¾     ¡Mamá!  Deme pa'  mi pulque ¿hora quien me va dar pa'  mi pulque?

Le decía mi padre a mi abuela, sosteniéndole las manos esqueléticas, casi moribundas.

¾     Mamá, Deme pa'  mi pulque

Y entonces mi abuela señalaba una cajonera de carrizo.

¾     ¡Ahí! Ahí, en mi babero tengo unos centavos.

 

Veía la cama, esa misma cama y me parecía un déjà vua, Ahora el inquilino no era mi abuela, era mi padre el cual había remplazado al anterior de esa cama, a la otra, aquella a la que había sido su madre, la vieja que había fallecido en la cama años antes por la misma causa y que hoy al nuevo inquilino tenia postrado de la miasma forma.

 

<<Siento el cuerpo pesado, sé que es por el alcohol, también siento la mirada de mi madre que está al otro lado de la cama, he notado que me mira desde hace un rato, me mira cada que bostezo, quizás piense que es de cansancio, yo sé que no, es por los pulques que me he tomado antes de venir aquí.>>

 

¾     8:07 p. m, pá, Tu papá

¾     8:07 p. m, Tu pá

 

8:10 p.m, En mi cabeza había cosas, me llegaban ideas de cuando había pedido que mi padre mejor se muriera por todas esas humillaciones a mi madre y a mis hermanos, esa mala vida que nos había hecho pasar, pero otra voz en mí, me hacía pedirle a Dios, rezaba plegarias para que mi padre se recuperara.

 

¾     8:12 p.m, pana, pana. - un suspiro se escuchó en la estancia que parecía haberse quedado en completo silencio

¾     8:13 p.m, pana, ya pasé!

 

La habitación se hacía más grande, más de lo que recordaba.

 

ERAN COMO LAS 6 DE LA MAÑANA, cuando mi madre se acercó a mi ventana pa'  despertarme, pa'  decirme llorando que mi padre ya no se movía, que ya no respiraba, me levante de un salto de mi cama y corrí al cuarto de mis padres, pero cuando entre a la habitación ya no se movía, su rostro estaba pálido y su mirada perdida con unos ojos muy abiertos y opacos. Metí mi mano entre las cobijas y bajo su camisa, le toque su pecho y aún estaba caliente, pero ya no se movía.

Entonces nos quedamos en silencio por un buen rato, al ver que mi madre lloraba, yo sin poder articular palabras le abrace e hice el esfuerzo por hablar, trate de decirle con una vos entre cortada que era lo mejor, que ya estaba sufriendo de más y que así como creemos en dios, así de esa manera hay que creer en su promesa que nos dio de que algún día nos volveremos a ver con nuestros muertos.

Entonces en ese instante llego la curandera del pueblo, quien le pondría una inyección, al ver que estábamos en silencio, pregunto que si ya, que si ya se había ido.

Le agarro sus manos y le toco a un lado de su cuello.  Entonces se le escucho decir.

 

¾     Que dios te bendiga a dónde vas Macario, ya nos dejaste.

Si no pediste perdón a tus hijos a tu mujercita, que dios te perdone a dónde vas.

Si hiciste algún mal, ya lo pagaste.

 

Mencionó la curandera del pueblo, haciéndole una Cruz en su frente y tapándoles los ojos y la boca al muerto que yacía en esa cama inmensa.

 

Eran como las 2de la mañana y me desperté porque se quejaba muncho. Me decía mi madre con lágrimas en los ojos.

 

¾     ¿Qué tienes?

¾     ¡Me duele todo!

¾     Pero ya no te puedo dar nada.

 

Me levante de la cama y encendí el foco de luz amarilla que colgaba del techo del cuarto.

 

Lo miré ahí, sus ojos estaban muy abiertos y muy claritos, entonces al verle su mirada me empezó a dar miedo, sus ojos dejaban mostrar una profunda desesperación, parecía que quería salir corriendo, pero no podía, aun con el miedo que me daba, pero aun así me armé de valor para hablarle.

 

¾     ¿Qué tienes Macario?

¾     ¡Me duele todo!

¾     Hay, madre de Guadalupe,

Hay! madrecita santa.

 Dijo, dejando salir un suspiro entre cortado.

 

Al verle, y al mirar que le dolía todo por la expresión que dejaba escapar de su rostro, decidí darle otra pastilla, aun cuando tenía poco que se la había dado, entonces le di una su pastilla, no le tocaba, pero se la di de todos modos, para que lo aliviará un rato.

Apague la Luz y me acosté a su lado, en silencio.

 

Se empezó a mover, que tienes, nada, solo quiero moverme. Lo moví, poniéndolo en la posición que me digo, y me quede de nuevo en silencio.

En esa oscuridad de la habitación tuve la sensación que lloraba en silencio, y creo se la pasó así, llorando toda la noche, hasta cuando escuché que ya no hacía ruidos, yo pensé que era porque se había quedado dormido, como en otras ocasiones,

 

Entonces pasé mi mano por encima de él sin tocarlo, pa'  percatarme que respiraba, hice otras dos veces lo mismo, en mi cabeza pensaba en tocarlo o moverlo, pero no quería despertarlo, si es que estaba durmiendo, preferiría que durmiera, no quería importunarlo.

Me quede así, despierta con esa idea en la cabeza, entonces miraba que a través de la ventana se filtraban un haz de luz, un haz de luz procedente del foco de la calle, entonces abrí por completo la cortina pa'  que iluminara el lugar, ahí donde estaba el, pa'  ver si respiraba, pero no, ni con la luz podía observar si lo hacía.

 

Entonces empecé a decirme en mi cabeza.

 

Señor, si me lo vas a dejar otro rato, alívialo, si no es así, por favor, llévatelo, llévatelo porque está sufriendo mucho.

 

Por la mañana me levanté sin hacer movimientos bruscos en la cama, pa'  no despertarlo, salí del cuarto, eran como las 6 de la mañana, todavía no amanecía, después regrese al cuarto y le hablé sin prender el foco.

 

¾     Burro

No me contesto, pensé que dormía, pero no escuche ruidos.

¾     Burro

Volví a hablarle pa'  ver si me respondía.

 

Entonces encendí el foco y noté que ya no se movía, tenía sus ojos abiertos, pero ya no tenía ese brillo como el último día que lo divise.

 

SUS OJOS TENÍAN UN brillo como de vida, eran brillantes y parecían hablarme, me acuerdo perfectamente, entonces quería hablar con él, hacer lo que mi madre me había dicho, arreglar las cosas, hablar un rato pa'  pedirle perdón si lo había ofendido, pero no, no lo hice, no por orgullo, no lo creí conveniente, pensé que iba a estar bien, sus miradas tan claras me hicieron pensar que estaría otros días con nosotros, por eso no le dije nada, no le dije lo que quería decirle.

 

Pero ahora lo veía ahí tendido, con su vista opaca, con sus ojos abiertos y sin vida mirando a la nada, mi madre me decía que ya no se movía, que ya no respiraba, pero yo no le creía, lo quede mirando y sentía al ver la cobija  que le cubría su pecho, creía ver que aún respiraba, pero no, me decían que ya no, pero seguí creyendo que respiraba hasta cuando el médico del pueblo dijo que no, que ya no, que ya no lo hacía, que había fallecido ya hace horas.

 

No sabía qué decir.

 

¾     ¿Hora que vamos hacer?

Me decía mi madre.

¾     ¿Dónde lo enterramos?

El silencio abarcaba todo el lugar, la estancia se empezó a llenar de mucha gente. Después de un gran silencio le respondí a mi madre.

 

¾     Pus no queda de otra que enterrarlo en el lugar donde quedo su hermana, su padre y toda su gente.

 

Pero era reciente que habíamos hecho el entierro de su hermana, tenía apenas unos años. Pos ya ni modo, es el único lugar, porque pa'  comprar un espacio se requiere centavos y pues, ni pa'  la caja me alcanzaba.

 

Pues sí, así le hicimos.

 

Me fui a buscarle su cajita y su ropita pa'  tenderlo pa'  que no se me pusiera tieso, le compré una su cajita de las más baratitas, porque no tenía dinero, hasta una parte la pedí fiada.

 

Pero tal vez si se había portado mal el viejo, muy mal y dios no lo quería recibir, sí, porque se murió tal día que no había cura en el pueblo, naide quien le hiciera una eucaristía, naide de las rezanderas o rezanderos que le echará uno su rosario, uno su ave María.

 

Entonces fuimos a ver al rezandero Mario que siempre rezaba en el pueblo, solo por una botellita, pero nada, me cuentan que no podía, es más ni estaba, fuimos a ver a doña Brígida la rezandera más vieja del pueblo y nada, no estaba, que disque andaba en la capital con uno su enfermo, entonces se me figuraba que tal vez si dios estaba enojado con él, y no lo quería recibir, fuimos a ver a Pedro el más joven de los rezanderos y nada, que no podía, que disque no podía porque ya estaba de sacristán en la iglesia del pueblo y por eso no podía.

 

¾     Valaya sea!

 

Pa'  mi, hasta se me figuraba que se habían puesto de acuerdo pa'  no rezarle a mi padre, Pa'  mí que lo hacían madamas de mala voluntad y no querían rezarle uno su rosario uno su ave María a mi jefe. Fuimos a ver a todos los rezanderos y rezanderas, y madamas no, no querían porque disque no podía o no estaban.

Entonces lo veía en la caja y parecía escucharlo respirar. Pensaba que en algún momento abriría los ojos.

Pero no, no pasó. No paso.

<<Ni modo, ya te fuiste. Nos dejaste, vete tranquilo, si ofendiste te perdono, si te ofendí, perdóname, vete tranquilo y espéranos allá, si no procuraste en vida a tu familia, desde allá cuídanos, en especial a mi madre que fue la mejor de las mujeres para ti>>

 

Entonces pensaba en el ahí abajo, en esa caja de madera, metido en ese hoyo tres metros bajo tierra, eso me daba muncha tristeza.

 

¾     Hijo, no se te vaya olvidar el gallo

¾     Cual gallo ma' 

¾     El gallo, el que tienes que amarrar debajo de la caja de tu padre, agarra uno del gallinero y mételo en un huacal pa'  que mañana temprano cante.

 

Entonces atrape uno de los gallos pa'  ponerlo bajo su caja donde estaba tendido mi padre, agarre el que se dejó, el gallo más viejo, un avado, pero pinche gallo no canto en la mañana, pero aun así sin el cantar del gallo me levante temprano, yo ya sabía pa'  que, entonces me fui al cementerio, para hacer la fosa, trayendo en la cabeza que no es bueno que los hijos les hagan el oyó a sus padres, porque quesque se los jalan con ellos, pero ni modo, ya ni modo, si no hay quien pa'  serlo, ya ni modo.

Caminaba recordando al viejo, la penuria que tuvo que aguantar pa'  morirse, todo eso me daba tristeza, pero ni modo, ya ni modo, ya estaba sufriendo de más.

Ya en el cementerio pensaba que yo solo escarbaría el oyó pa'  meter a  mi padre, pa'  enterarlo, aunque la creencia del pueblo nomás no, un hijo nunca le hace su fosa a sus padres.

Entonces busque la tumba de sus gentes, pa'  escarbarla y cuando iba empezar a escarbar cuando escuche una voz,

 

¾     Ahijado! no hagas eso ahijado, los hijos no deben hacer eso, eso déjalo a alguien más.

 

Y me quito la pala pa'  escarbarle, y uno, y otro empezaron a llegar, algunos amigos de borracheras de mi padre, otros vecinos y algunos sobrinos.