Hay, lastima mi pulque, usted señora lo tiro.
Señora, usted lo tiro.
Hay, lastima, hasta quería como lamber la tierra.
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Un día un perro bebió su pulque, He total, ni modo de
tirarlo. Tanta ansía
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Me despedí de ella mirando las lágrimas en sus mejillas, al
ver su cuerpo esmirriado por los años pasó por mi cabeza que esa era la última
vez que le miraría, con todas mis fuerzas pedí que eso no pasara, apreté sus manos,
pero eran tan delgadas y frías que recordé lo que esa tarde me había dicho, es
que todo me duele ya somos como el cascarón de huevo, tan frágil. Sus manos
eran hueso en mis manos carnosas y cálidas manos que intento llevar a sus
labios para besar, pero me reúse, entones puse una de mis manos atrás de su
cabeza y le di un beso muy sentido en su frente.
En ese instante pedir perdón por mis errores, pedí perdón
por mis malos pensamientos.
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Este mundo es
de locos.
Aquel hombre gritaba peripecias, y lo hacía con gran
entusiasmo que, aunque no entendía palabra alguna, por la expresión parecía entender
lo que decía.
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un halle apretujado, todo deforme.
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El señor que se come su sombra, el señor que no tiene sombra.
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Pa' que gastar centavos en mi entierro, ¿Pa'' que? échenme
mejor al monte, pa' que los coyotes y los perros me traguen, al menos que pa' eso
sirve esta mugre cuerpo, porque a mí ya no me sirve para nada.
Decía doña Lucía, recostada en su petate, con un rosario de
cuentas desgastadas entre sus dedos esqueléticos.
¡Hay, no! No me hayo, yo no quiero estar aquí, quiero
regresarme a mi pueblo.
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